La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús

FUNDACIÓN

La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús

Indicaciones de Jesús sobre las Consagraciones en mensaje del 15-8-99

Indicaciones de Jesús sobre las Consagraciones en mensaje del 15-8-99

Jesús:

¿Jesús?

Sí, Yo Soy.
Alabad a Dios todopoderoso, alabadle con sus santos y ángeles, alabadle con trompetas y cítaras, alabad a su Santo Nombre.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu. Amén.

Tienes una pregunta que hacerme.

Sí, Jesús mío: cómo es, cuál es la Verdadera Devoción al Corazón de Jesús.

Hija mía, abre, abre tus oídos y escucha, escúchame.
Como piedras que caen con fuerza sobre una pendiente y aplastan lo que hay debajo.
Así vendrá mi Reino, se instaurará por la fuerza, porque no quisisteis instaurarlo Conmigo por las buenas; desoísteis todos mis Llamamientos.
En España quedará instaurada la auténtica Devoción. Antes prepararán el terreno mis pequeños trabajadores.

Yo establezco a los humildes sobre los poderosos para que estos queden confundidos.
Tan pequeños y débiles niños, ¿cómo podrán realizarlo?
Quiero santos mártires, santos consagrados, santos sacerdotes y monjas, santos laicos, casados, solteros, jóvenes, niños… todos lo estados de mi Iglesia, quiero combatientes en todos los estados. Vivid plenamente vuestro Carisma, ganad almas para Cristo, para la reconciliación y la Vida Verdadera. Venid, Yo os enseño cómo:
Mi Corazón se consume por cada uno de los hombres, y ved cómo no encuentra siquiera una mirada de apoyo.
Mi Corazón se consume, mi Fuego me quema, porque el Amor no es amado.
Reparan mi Casa, intentan remendar por las esquinas, trabajan afanosamente en reconstruir los tejados, y el Horno es dejado a su suerte, su Llama no es avivada. Olvidado en el oscuro rincón de vuestros Templos, desfallece mi alma de consuelo, muere de Amor.
Y mis obreros trabajan en la luminaria, se afanan en darle “color” al Templo. ¡Y la Luz es apagada cada vez y cada vez más!

¡Jesús!

(¡Está tan olvidado y despreciado!).

En la Eucaristía late de Amor mi Verdadero Corazón, el Verdadero Corazón de Dios.
¿Cómo presentar mi Devoción sin mi Eucaristía?
Es como pretender hacer pan sin la masa ni la harina.
Volved a instaurar la Eucaristía como centro de vuestra fe, y vendrá mi Reino sobre vosotros.
¿Cómo amar y prestar servicio al hermano, cómo trabajar exitosamente sin el Alimento?
¿Por qué no mostrarme como estoy Realmente? Herido, Dolorido, pisoteado, ultrajado, vilipendiado, olvidado y humillado por todos, Varón de Dolores.
¿Por qué mentir y mostrar una Idea falsa de Mí?
¡Yo Soy vuestro Ardiente Enamorado! Y me desprecias día tras día en mi petición de matrimonio.
Huís de Mí, de mi Vida de Unión con vuestra alma. Y Yo sólo Deseo eso de vosotros: unirme a cada uno de vosotros para haceros felices por la eternidad.

Consagraos a Mí, Sí, ¡pero en el espíritu!, en espíritu y en verdad, no con falsa palabrería, retórica y letra al fin, que impresa en un papel, no significa nada para Mí.
Yo quisiera que cada uno grabara en su corazón las letras de las Consagraciones que me leéis públicamente, ¡a fuego! Y las cumpliera, so pena de perder su propia vida para no saltarse ni una sola de sus promesas.

Yo me inmolo por vosotros en fidelidad para los siglos. Pido esto de vosotros.
Esta Devoción no es como aprenderse una serie de fórmulas y recitarlas de carrera. Que nadie se engañe, no engañéis.
Yo os abro mi Corazón, me desgarro por vosotros.

Esta Devoción es para los que están dispuestos a derramar la última gota de su sangre por el Amado, por Mí, su Amado, su Rey, el Lote de su Heredad.

Y ahora Yo os pido instaurar mi Reinado por medio de mi Eucaristía.
La Verdadera Devoción al Corazón de Jesús es el Amor a la Eucaristía y su entrega a Dios como cordero inmolado a imitación de Cristo.
Por eso os digo: ¡Defendedme!, defenderme de mis opresores. Luchad por Mí, para que no sea derribado de mi Trono en las Iglesias, para que los corazones en Gracia puedan recibirme.
Yo me pongo en manos de mis verdugos, pero no temáis. Resucitaré al Tercer Día.
Aunque todo os lleve a dudar, no dudéis de Mí, no dudéis de mis Palabras.
Y venid. ¡VENID A REINAR CONMIGO! Y ocupad un puesto a mi lado; vosotros, los de la Gran Tribulación, los que supisteis defenderme con vuestra vida.

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